5/02/2009

Ver para creer


Nunca creyó en supersticiones, magia negra ni en esas pavaditas del vudú y muñequitos pinchados. Ariel era un tipo tranquilo y solitario. Ninguna mujer había logrado quedarse más de una noche en su cama y ninguna llegó a conocer -hasta aquél día- su cocina gourmet, aromática y encantadora.

Soltero, guapo, y con un porvenir brillante en su carrera como asesor político lo convertían en el deseo inmediato de muchas mujeres. Deseo que se hacía evidente cada vez que entraba a alguna oficina o lugar público. Sólo verlo sentado en una mesa, tomando una copa de vino era una provocación para la mayoría de las mujeres que frecuentaban el lugar donde Ariel acostumbraba almorzar mirando el río.

El martes 13 nunca le había causado escalofríos y, a sus 36 años, el marketing de la mala suerte no iba a intimidarlo y salió de su casa desafiando todo pronóstico de mal tiempo. Sin embargo, al tocar su rostro una suave brisa, Ariel se sintió frágil, vulnerable, volátil y en ese mismo instante se desvaneció.

- Dónde estoy? Quién sos? Qué me pasó?
- Soy Sandra. Te encontré tirado en la calle, estuviste inconsciente todo el día pero ya estás bien.
La voz provenía de una mujer que no lograba distinguir pero entre una imagen nebulosa pudo notar unos hermosos bucles castaños que caían sobre sus pechos turgentes cubiertos por una suave bata de seda. Una suave, aunque firme voz era la dueña de esos bucles.

-Ya es tarde y se hizo de noche -le dijo Sandra- pero no me animaba a despertarte. Si querés irte no tengo inconvenientes, puedo llamarte un auto y quedamos a mano si me invitas a un café algún día.

Ariel pareció no escuchar. Aquella imagen lo dejó embelesado y en esa embriaguez en la que se encontraba le ofreció compensar su amabilidad con una riquísima cena para ambos. Sandra no lo dudó y fue derecho hacia su cocina, descorchó un vino y ofreció la primera copa a Ariel.

Cada sorbo le provocaba una sensación ardiente en el cuerpo, cada sorbo le nublaba la vista y antes de cerrar sus ojos la vio sacando un frágil muñequito. La vio jugar con él, la vio acercando algo a su cabeza…luego no vio nada más. Sintió la quemazón en sus ojos y una voz que suavemente le decía: “ahora empezarás a creer aunque no veas”.

1/26/2009

Deseos


Te siento, te sueño, te deseo.
Quiero que me secuestres de las pesadillas, que me atrapes en tu cuerpo, que me tengas entre tus manos.
Quiero que me acaricies, que me recorras, que me beses con pasión desenfrenada.
Quiero que me sientas, me sueñes, me desees.
Quiero que vuelvas de donde te fuiste porque sólo así puedo entender que ya no me mires con pasión, que no beses alocadamente. Solo así podría entender que tu lengua no juegue con la mía. Sólo así podría entender que quiera irme a otro lugar para encontrar lo que perdí.

1/09/2009

frases


"...cuando hay gente que se quiere tanto tiempo a destiempo,
merece alguna vez quererse a tiempo..."


de Angeles Mastretta en "Té para tres"

12/16/2008

3 dias de noviembre -ultima parte-

Era jueves, mucho calor en la ciudad.
Lucía no tenía ganas de que esos encuentros acabaran y tal vez por eso no quiso llamarlo, sin embargo el teléfono sonó y un mensaje de él titilaba en su celular.

"Nos vemos hoy?"

Y si, no quedaba escapatoria. Ella quería verlo. El quería estar con ella y lo cierto es que quedaba poco tiempo. El reloj había comenzado a correr y marcar esos malditos minutos que luego pasan a ser horas y finalmente se convierten en el tristísimo día de Pablo debía marcharse nuevamente a Madrid.

Se vieron tan solo unas horas. Las suficientes para besarse, amarse y charlar un rato.
Ella lo miraba con ganas de decirle todo lo que sentía, pero como siempre pasaba en esta relación, las cosas no se decían totalmente. Él le dijo que la iba a extrañar muchísimo... pero nada más.

Se despidieron en la calle con un beso como si se volvieran a ver al día siguiente.

Era viernes y el viento comenzaba a soplar fuertemente sobre la ciudad. Nubarrones anticipaban una tormenta implacable y negra. Ese día se iba Pablo.
Ella soñó de pronto que tal vez se atrasara su vuelo, que tal vez él no quisiera regresar. Lo llamó y le dijo que lo quería -porque no se anima a decirle que lo ama-, que por favor le escribiera cuando llegara.

Ese día el cielo lloró al igual que Lucía. El avión despegó en medio de un día gris, lluvioso y triste.
Más tarde ella le escribió un mensaje al celular: "La lluvia cesó pero el cielo sigue nublado y el clima afuera está inestable. Aquí dentro de mi corazón algo parecido pasa... te extraño". Pero nadie respondió el mensaje, él ya estaba en viaje.

Era hora de comenzar con su rutina y sus respectivas vidas. Hasta un próximo encuentro.

12/03/2008

3 días de noviembre (2da. parte)

Pablo cerró la puerta del departamento e inmediatamente tomó a Lucía de la cintura llevándola con un rápido movimiento contra su cuerpo. La besó intensamente mientras le acariciaba la espalda con un movimiento sensual y apasionado.
Ella respondía ese beso aunque su mente estaba aún en otra parte. No entendía muy bien lo que le pasaba pero el encuentro no comenzó como ella lo imaginó alguna vez.

Por qué será que lo que a veces uno se imagina sucede de manera muy distinta en la realidad?. Por qué será que sus besos los recordaba más sabrosos, más como a ella le gustaban?. Será que la memoria es selectiva y tal vez modificó ese recuerdo adaptándolo a su gusto?. Sea como sea, ella continuaba besándolo buscando tal vez esa conexión que aún no encontraba de su parte.

Pablo le dio un respiro y luego de la bienvenida acalorada y llena de besos le ofreció algo para tomar. Charlaron un rato de lo de costumbre, del clima, del viaje, de los días que se quedaría. Ella lo miraba y de pronto sintió un click interno, unas inmensas ganas de tomarlo entre sus brazos y encajarle un beso como los que ella quería.

Y así lo hizo. Se acercó a su boca y sin darle tiempo a nada tomó el rostro de él entre sus manos y lo dejó sin aliento. Pasó su mano bajo la remera y sintió el calor de su piel, sintió que esa conexión había vuelto, allí estaba, no había sido su imaginación traicionera. Bien sabía que no podía equivocarse tanto con su memoria.
Tal vez Joaquín Sabina con sus versos describiría mejor ese momento...
Y después.. para qué mas detalles... ya sabéis copas, risas, excesos... como van a caber tantos besos en una canción.

Toda la tarde juntos, abrazados, amándose como hace mucho no lo hacían y deseando que ese día no culminara jamás. Entre mimos, miradas, besos y caricias sabían que el tiempo es tirano, que las horas pasaban aunque el reloj de la pared no marcara las horas.

Se despidieron hasta el siguiente día. Ella sabía que volvería, ya no había dudas en su mente, ni temía volverlo a encontrar. Él...¿cómo saberlo?, tal vez la quería y la amaba más de lo que ella podria imaginar, pero nunca se animaría a decírselo. Sabía que debía disfrutarla mientras estuvieran juntos. Sabía que ella era completamente de él en ese instante.

11/28/2008

3 dias de noviembre -1ra. parte-

Hace mucho no se veían y Lucía tenía temor de que sus nervios le jugaran nuevamente en contra.

Es que hace un año Pablo había vuelto al país, luego de partir hacia Madrid buscando nuevos horizontes. Él la llamó ni bien tocó suelo argentino, pero en ese momento Lucía puso su mente antes que su corazón y aquél noviembre no se vieron. Ella sabía muy bien el motivo y él en cierta forma también pero, como muchas cosas de su relación, se callaba y dejaban que el tiempo curase las acciones.

Meses después Lucía se animó a contarle por teléfono sus motivos mientras él, del otro lado de la línea, la escuchaba y sonreía asombrado por la gran conexión que siempre había sentido que tenían. Así pasaron los meses y las charlas. Hablaban siempre que podían y las diferencias horarias de los continentes lograban hacerlos coincidir. Hablaban por horas de lo que fuera, de sus trabajos, de sus días, del clima, y de vez en cuando de lo mucho que se extrañaban. Todo en su punto justo. A veces sus resistencias flaqueaban y se entregaban a los mimos telefónicos, a los susurros, a las palabras cálidas. Se animaban a un "te quiero" y otras veces ya lograban levantar una temperatura digna de una hot-line.

Llegó noviembre del siguiente año y Pablo volvía por un par de semanas.

-No te me vas a escapar de nuevo no?. Le dijo a Lucía en una de sus tantas charlas telefónicas.

Y allí estaba ella, tratando de cumplir con su palabra, tratando de no pensar tanto y dejar que lo racional ganara a lo pasional.

-Llegué. Nos vemos el martes?. Te extraño mucho. Pablo.

El mensaje de texto que le llegó ese día al celular hizo que su corazón latiera más fuerte, de pronto su mente comenzó a divagar y se descubrió soñando como una adolescente que esperaba su primera cita. Hace mucho no se veían y eso ponía nerviosa a Lucía. Notaría él los años pasados en su rostro?, su cuerpo con un poco de pancita y su cansancio acumulado en tanto tiempo de vivir en un país donde todo le iba a contramano?. La única manera de saberlo era encontrándose con él, cumpliendo su palabra, animándose a lo que no se había animado la última vez.

Mucho calor en la ciudad. Los nervios, la ansiedad y las ganas de estar espléndida la hacían sudar más de lo normal. Se refrescó con una ducha y la espuma caía por las curvas de su cuerpo como andando por una autopista sin fin. Eligió un jean y una remera blanca con un poco de escote, nada llamativo, algo sencillo pero que le quedara bien y que resaltara el leve bronceado que había adquirido en ese fin de semana.

Pablo escuchó el timbre y corrió a atender. Esos 7 pisos en ascensor se hacían interminables pero cuando la vio sintió que el tiempo no había pasado. Su alegría le inundó el corazón y ella con su amplia sonrisa colmó la mañana como un sol radiante. Se unieron en un beso interminable que comenzó en la puerta del ascensor y no quiso tener fin.

Mucho calor en la ciudad. El pronóstico indica que las altas temperaturas continuarán por lo menos una semana.....

7/15/2008

El choque


Ensimismada en su bronca, en su enojo, en la ceguera rabiosa que le provoca la indiferencia de Julián hacia sus palabras, iba Cecilia caminando con paso apresurado por la calle. El ceño fruncido y su cara de preocupación no eran tan evidentes como el nudo que tenía en la garganta y que en cualquier momento estallaba en llanto. Murmuraba casi entre dientes frases que no había llegado a decirle, veia su rostro indiferente una y otra vez en su memoria y eso la angustiaba aún más.

Al doblar la esquina alguien la lleva por delante, la choca, hasta casi la tira al suelo del impulso con el que colisionaron.
- Uy, perdoname! no te vi! -dijo Martín.

Sucedió porque ella no estaba atenta o por la torpeza del otro?. No importa. Ella era quien estaba mal, triste, angustiada, y cualquiera que no la haya visto era culpable. Estaba cansada de ser invisible, de ser siempre la culpable (o por lo menos de que así la hagan sentir).
Reaccionó casi sin mirar. Reaccionó con su enojo, con su bronca contenida.

- Por qué no mirás al caminar? Podrías tener más cuidado!!!

Intentó seguir su camino sin mirar siquiera a quien la chocó, sin darse cuenta que su celular había caído y en el impacto la batería y la "tapita" estaban desparramadas en la vereda.

Avanzó y sintió el ruido crujiente del plástico bajo su bota.

- Dejame que te ayudo a recogerlo, total ya perdí el tren.
- No te molestes, fue mi culpa y me pasa por distraída. Además mejor si queda así, mejor si nadie me llama, mejor no recibir llamados y mejor aún saber que no tengo que esperar a que nadie me llame.

Martín se agachó junto a ella, recogió los pedacitos del celular que estaban desparramados y la miró fijamente a los ojos. Notó que estaban vidriosos, tristes, casi ausentes. No se animó a preguntar nada. Sólo atinó a pararse e intentar arreglar el teléfono.

- Ahí está! como nuevo!. Vamos a probar si funciona.

Martín abrió su saco, y del bolsillito interno sacó su celular.

-Decime tu número así vemos si recibe llamadas sin problemas o si podés llamar.
-OK. Esperá que lo prendo.

Al instante el móvil de Cecilia suena y en la pantallita aparece un número que no tiene agendado.

Su voz se escuchaba clara, tranquila, pausada.

-Hola! Soy Martín, el que se chocó con vos hace unos minutos, el responsable de que tu celular cayera al piso, el culpable de que ahora puedas recibir llamadas, y el afortunado que acaba de perder el tren.

Cecilia le sonríe, limpia con sus manos las lágrimas que habían escapado de sus ojos sin permiso y se acerca para darle un abrazo.

Fue un impulso, un instante. Se miraron largo rato y el abrazo continuaba rodeándolos.

-Me tengo que ir, le dijo ella.
-Si, yo también. El próximo tren está por pasar y esta vez no tengo excusa.
-Gracias por lo del celu y perdoname si fui descortés, no era con vos mi enojo.
-No te preocupes, yo también venía embalado con mis problemas.

Se dieron un beso en la mejilla y siguieron su camino. Ella no miró para atrás, él tampoco.

Cecilia llegó enseguida a su casa y entró en la vorágine de su rutina. Esa de la que había salido por unos instantes en aquella mañana.

Martín llegó a la oficina e inmediatamente lo "capturaron" para una reunión de directorio. Pasó la mañana como tantas otras. Ella con sus tareas, él con su trabajo.

A las 16 hs el celular de Cecilia suena. El número que aparece en la pantalla no era desconocido, estaba en su agenda pero aún asi dudó un instante en atender. Una sonrisa y su corazón que latía más rápido definieron la duda.

-Estoy llegando a la estación de tren. Querés que nos choquemos nuevamente?

-Prometo estar en la esquina, y esta vez voy a cuidar que no se caiga el teléfono. Hay llamados que no quiero perderme por nada del mundo.

Era evidente que ninguno de los dos había empezado bien la mañana y a veces un golpe, un choque puede ayudarnos para ver otra realidad y despertar.


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Nota: Esta es una historia creada, fantaseada y escrita por mí. Cualquier semejanza con cualquier realidad y/o persona, es obviamente, simple coincidencia.